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DON BOSCO
FUNDADOR DE LA CONGREGACIÓN SALESIANA

 

 


1.-  Don Bosco un sacerdote que no quiere trabajar solo
       Desde los primeros momentos en que Don Bosco trabaja en El Refugio de la marquesa Barolo y luego en los terrenos de Valdocco, su nombre aparece ligado a otros sacerdotes de la 
arquidiócesis de Turín. Así lo vemos asociado en el trabajo del Oratorio con los sacerdotes Juan Bautista Borel, Sebastián Pacchiotti, Pedro Baricco, Antonio Bosio, Sebastián Trivero, Juan Bautista Vola, Jacinto Carpano, Roberto Murialdo, Pedro Ponte, Juan Grassino y Juan Giacomelli. Todos le daban una mano, pero no todos eran del gusto de Don Bosco [1].  También conocemos el nombre de algunos laicos, pero su aporte era más bien pecuniario: Luis Provana, Gustavo Cavour, Juliette Colbert (marquesa de Barolo), José Gagliardi, etc.
       Esta sensibilidad para agrupar personas en torno a sí y ponerlas al servicio de la salvación de los jóvenes, ha sido una constante en el camino apostólico de Don Bosco, y así ha pasado a nuestras Constituciones:
            “En la comunidad los seglares asociados a nuestro trabajo aportan la originalidad de su experiencia y de su modelo de vida. Acogemos y fomentamos su colaboración, y les ofrecemos la posibilidad de conocer y profundizar el espíritu salesiano y la práctica del sistema preventivo”  (C. art. 47).
        Cuando se fue haciendo cargo de otros Oratorios (Ángel Custodio, San Luis) con el objeto de “conservar la unidad de espíritu, de disciplina y de administración” [2], Don Bosco escribió un Reglamento. Al principio manuscrito y luego publicado en 1877.
       Pero también tuvo que pasar por la experiencia del fracaso. Muchos de los sacerdotes diocesanos lo fueron abandonando y muchos de los laicos no respondían a sus expectativas.
        Es así como Don Bosco recurrió a clérigos que se alojaron en Valdocco luego de la clausura del seminario metropolitano. La guerra d
e Piamonte y Austria llevó a que el seminario metropolitano de Turín fuera clausurado por el gobierno y convertido y edificio militar. Los seminaristas debieron abandonar la casa. Muchos volvieron a sus hogares y otros se distribuyeron por diversos lugares que los alojaron. Así fue como algunos llegaron a Valdocco y fueron recibidos por Don Bosco.
Don Bosco, sin embargo, se sentía sacerdote de la arquidiócesis y trabajaba en comunión con su obispo, monseñor Luis Fransoni, quien, a raíz de su oposición a la ley Siccardi (1850) fue apresado.
Entonces comienza a pensar en buscar sacerdotes para la diócesis con la esperanza de que, formados por él según su sistema, permanecieran en el Oratorio y lo ayudaran. Muchos de los primeros ayudantes se fueron alejando de Valdocco y Don Bosco se quedó solo. [3]
Don Bosco ensaya formas de atraer a los jóvenes para que vivieran y trabajaran con él.[4] En este clima se entiende la primera tanda de ejercicios espirituales propuesta a algunos jóvenes del Oratorio (1848), la vestición clerical de cuatro jóvenes (Bellia, Reviglio, Buzzetti y Gastini) el 2 de febrero de 1851 y la reunión que tiene con otros cuatro jóvenes del Oratorio (Rua, Cagliero, Rocchietti y Artiglia) el 26 de enero der 1854 con la intención de formar un grupo de personas que lo ayudaran en su tarea con el nombre de “salesianos”.
Sin embargo, no nos consta que estuviese pensando en fundar una congregación religiosa.

2.-   Las primeras señales

 
        Dios no dejó pasar el tiempo sin ponerle en el camino señales de que debía ir más allá de proyectos ocasionales.
a)      La primera provino de su mismo arzobispo Fransoni en ocasión en que Don Bosco fue a visitarlo a Pianezza, donde estaba desterrado (1850). Monseñor Fransoni le preguntó:“¿Cómo hará para seguir su obra? Usted es mortal como todos los hombres, y, si no toma medidas, sus oratorios morirán con usted. Conviene que piense cómo hacer para que sobrevivan. Busque un sucesor que ocupe con tiempo su plaza. Y terminaba diciendo que era preciso dar principio a una comunidad religiosa”[5].
b)      La segunda, fue un encuentro con Urbano Rattazzi. El ministro le envía un joven al Oratorio y le escribe a Don Bosco “tener lo antes posible un encuentro” [6]. En el encuentro le dice:“Y ¿Si llegara a faltar? ¿Qué sería de su obra? ¿Ha pensado usted en ello? Y, si no lo ha pensado, ¿Qué medidas ha pensado  para asegurar la continuidad de su institución?  A mi juicio, puesto que no es del parecer de aprobar su Oratorio como una obra pía, debería Usted elegir algunos laicos y eclesiásticos de su confianza y formar con ellos una sociedad… en la que cada socio conserve sus derechos civiles, se  sujete a las leyes del Estado, pague sus impuestos, etc. En una palabra, la nueva sociedad, ante el gobierno no sería más que una asociación de ciudadanos libres que se unen y viven juntos con una  finalidad benéfica”. [7]
El hecho de que este consejo lo proporcionase quien acababa de suprimir 35 Órdenes religiosas, 334 casas y de dejar en la calle a 5.456 religiosos, lo hizo tomar una decisión.
c)       La tercera señal se dio en el encuentro que Don Bosco tuvo con el Papa Pío IX el 9 de marzo de 1858. Hablando del Oratorio de Valdocco, el Papa le preguntó: “Querido Don Bosco, habéis emprendido muchas cosas. Mas, ¿Si murieseis, qué sería de vuestra obra?” [8]
 
Don Bosco percibió inmediatamente estas señales que venían de Dios y se puso manos a la obra, tanto más que el parecer de las tres personas se orientaba por una organización más estable y trascendente, y el consejo de Pío IX se integraba perfectamente con las palabras de Rattazzi: una institución que respondiera, al mismo tiempo, las exigencias de la Iglesia Católica y las condiciones que ponía el Estado secular. Por su parte, para su encuentro con Pío IX, Don Bosco, preocupado por el futuro de la obra del oratorio, preparó un bosquejo de lo que él pensaba sobre el futuro.
 

3.-  El proceso de aprobación de una nueva institución religiosa

El concilio ecuménico de Let
rán IV  (1215) había reducido las Reglas religiosas a sólo 3 modelos tradicionales.  Sin embargo, los papas posteriores fueron aceptando Constituciones algo diversas de estos modelos. Pero fueron poniendo algunas condiciones para el íter que debía recorrer la aprobación canónica. Pío VII y Gregorio XVI dieron los primeros pasos, pero fue Pío IX quien le dio consistencia al proceso [9].
El proceso tenía varias etapas:
a)      Un examen de la marcha del Instituto y de sus Constituciones. Este proceso concluía con el “Decreto de alabanza” (“Decretum laudis”). No era una aprobación de la nueva congregación, sino un reconocimiento de su viabilida y un estímulo. Generalmente iba acompañado de algunas “observaciones” (animadversiones) destinadas a corregir y mejorar algunos aspectos del texto.
La emisión del “Decreto de alabanza”, exigía implicaba algunos requisitos previos:
-       Haber transcurrido un tiempo oportuno de experimentación. Por ello Don Bosco retrotrae la fundación de la Congregación Salesiana a los inicios del Oratorio (1841) [10]
-       Haber crecido el instituto de una manera especial. En el documento anterior, Don Bosco habla de 330 entr

 

e sacerdotes, clérigos y seglares [11].
-       Tener pruebas de que el instituto haya dado buenos frutos al pueblo cristiano.
-       Tener la recomendación favorable de los obispos. Don Bosco buscará el apoyo de la mayor cantidad posible de obispos del Piamonte.
b)        El decreto de aprobación del instituto (“Decretum approbationis Instituti”). Era la verdadera aprobación de su validez y se obtenía pasado un tiempo prudencial luego del “Decreto de alabanza”. También tenía sus exigencias:
-       Un nuevo informe acerca del trabajo y buen resultado del instituto.
-       Un informe sobre el estado actual del instituto.
-       El texto constitucional, con las correcciones hechas en las “observaciones”.
-       Una nueva serie de “cartas de recomendación” de los obispos en cuyas diócesis estaba presente la congregación. La carta más importante era la del obispo de la diócesis donde el nuevo instituto había tenido origen. Conocemos las tensiones que vivía Don Bosco con su arzobispo en este ámbito.
Don Bosco presentó toda la documentación requerida.
c)         El decreto de aprobación de las Constituciones: la aprobación se otorgaba si todos los requisitos anteriores habían sido satisfechos y si se habían introducido en las Constituciones los cambios solicitados  por la Santa Sede. La aprobación podía ser definitiva o “ad experimentum”  por un tiempo de prueba.   
    

4.-  Breve síntesis de los pasos seguidos por Don Bosco

Don Bosco se encontró con la realidad de que no tenía experiencia ni conocimiento de la organización de la vida religiosa, por lo que se inspiró en algunas Constituciones aprobadas en el siglo XIX: Congregación de las Escuelas de la Caridad (de los hermanos y sacerdotes Antonio y Marcos Cavanis), Instituto de la Caridad (del padre Antonio Rosmini), Oblatos de la Virgen María (del padre Bruno La

 

nteri), etc. Muchos de sus 

 

artículos dejaron rastros en la Constituciones aprobadas en 1874.
La aprobación de la Congregación Salesiana ha pasado por las etapas consideradas normales por la Iglesia:
-     La aprobación diocesana (el arzobispo de Turín de Turín)
-     La aprobación pontificia (el Sumo Pontífice).
 
a)      La aprobación diocesana: elaborada la primera redacción de las Constituciones, Don Bosco le envía una copia al arzobispo Luis Fransoni el 13 de junio de 1860 a la sazón desterrado en Lyon. El arzobispo, siempre muy propicio a Don Bosco, aunque era una persona rígida, se manifestó favorable, pero se la pasó al padre Marcos Antonio Durando, superior de los Lazaristas para que las analizase. La opinión de los consultores, sin embargo, no fue tan favorable, cosa que moderó el entusiasmo de monseñor Fransoni
El 26 de marzo de 1862 moría monseñor Luis Fransoni, sin poder aprobar para su diócesis las Constituciones presentadas por Don Bosco. Fue un golpe terrible para él. Sin embargo no se detuvo ante las dificultades, y el 14 de mayo de 1862 hicieron la primera profesión salesiana 23 personas: 4 sacerdotes (Don Bosco, Alasonatti, Rua y Savio), 2 coadjutores (Gaia y Oreglia)  y 17 clérigos.
Don Bosco, por otra parte, se manifestaba remiso en cambiar algunas cosas que le sugerían los peritos. Con estos pasos creyó que ya podía ir directamente a solicitar la aprobación pontificia. Más tarde se daría cuenta del error cometido.
b)      La aprobación pontificia: Con el parecer favorable (“cartas de recomendación”) de algunos obispos piamonteses (los obispos de Acqui, Casale Monferrato, Cuneo, Mondovì y Susa) Don Bosco acudió a Roma para obtener la aprobación de la Congregación y de las Constituciones. Los consultores de la Santa Sede hicieron a Don Bosco una gran cantidad de “observaciones”, que el santo prometió estudiar y reformar. Pero la realidad es que los cambios fueron en torno a las cosas menos importantes.

 

Estas idas y venidas entre Turín y Roma, y Roma y Turín fueron postergando la aprobación de las Constituciones por casi 15 años.
-       El 23 de julio de 1864 un decreto del cardenal Ángel Quaglia, prefecto de la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares, firmó el decreto de alabanza (“Decretum laudis”). Don Bosco había pedido el reconocimiento de la Congregación y de las Constituciones, pero ambas cosas le fueron negadas. Todavía se encontraban 13 “observaciones” que no habían sido satisfechas.
-       Don Bosco volvió a solicitar a los obispos sus “cartas de recomendación” y en 1869 regresó a Roma, donde permaneció un tiempo prolongado. Esperaba el reconocimiento de su congregación. Por este motivo se reunió dos veces con Pío IX. Esto le valió que la Sagrada Congregación firmara el decreto de aprobación de la Congregación Salesiana el 1º de marzo de 1869. Sin embargo, las Constituciones Salesianas no fueron aprobadas: “Éstas, primero, deben ser corregidas de manera que se acepten las observaciones (las 13 observaciones de los consultores Savini-Svegliati) críticas dadas anteriormente (en 1864 y reiteradas en 1867), con excepción de la 4ª”
Don Bosco creía que esta aprobación lo autorizaba a conceder las “dimisorias” para sus salesianos. En agosto de 1869 la extiende para 11 salesianos que habían ingresado en Valdocco luego de tener 14 años. Esta decisión disgustó al arzobispo de Turín, monseñor Alejandro Riccardi di Netro, quien se quejó amargamen  Por otro lado se conocen las reservas que tenía el arzobispo sobre el reconocimiento de las Constituciones Salesianas
-       Finalmente, introducidos los cambios solicitados por los consultores, el Papa Pío IX concedió la aprobación de las Constituciones Salesianas el 3 de abril de 1874. Don Bosco ese mismo año las imprimió en latín para los salesianos, pero haciendo algunas modificaciones que atribuyó a una autorización que Pío IX le dio oralmente (“Vivae vocis oraculo”).
 

5.- Las dificultades en la aprobación de la Sociedad Salesiana

 
       Todo el proceso jurídico de aprobación de la Congregación Salesiana recorrió un camino largo y tenso, no sólo porque fue lo común en el reconocimiento pontificio de  las congregaciones religiosas nacientes, sino por situaciones que surgían necesariamente de la originalidad de la idea que el santo tenía en su mente. Las primeras dificultades comenzaron durante el gobierno provisorio del Vicario Capitular, el canónigo José Zappata, luego del fallecimiento de monseñor Fransoni (1862). En 1867 monseñor Alejandro Riccardi d

 

i Netro es trasladado a la arquidiócesis de Turín hasta su muerte en 1871. Con el arzobispo las tensiones fueron en aumento, por la necesidad que tenía la arquidiócesis de recuperarse del desorden producido por la ausencia de monseñor Fransoni,  durante tu destierro  en Lyon. Finalmente la tensión llegó a su culmen cuando el nuevo obispo Lorenzo Gastaldi (arzobispo de Turín entre1871-1883) se propuso reorganizar la situación del clero. Durante el gobierno de estas tres personas Don Bosco lleva adelante el proyecto de fundar la Sociedad Salesiana.
La raíz de las dificultades estuvo en que la arquidiócesis de Turín estuvo durante muchos años (1850-1867) sin arzobispo. Durante el tiempo del exilio de monseñor Luis Fransoni (1850-1862) Don Bosco gozó de la simpatía de su arzobispo y de la libertad que le proporcionaba su ausencia. Esto le permitió avanzar en su proyecto. Pero cuando la situación se fue regularizando, las nuevas autoridades sintieron la necesidad de reordenar la arquidiócesis y comenzaron a exigirle a Don Bosco, considerado un sacerdote diocesano, la obediencia a las determinaciones tomadas.
a)      Las objeciones de monseñor Lorenzo Gastaldi: El arzobispo en los primeros años del Oratorio había escrito elogiosos comentarios sobre la acción de Don Bosco  y aún siendo el pastor de Turín, reconocía la obra que el Santo realizaba con los jóvenes y era favorable a la fundación de la Congregación Salesiana, pero tenía sus objeciones acerca de algunos puntos de la Constituciones. Por este motivo buscó el apoyo de algunos obispos piamonteses para lograr los cambios necesarios. Don Bosco se enteró de la posición de Gastaldi por una copia que le envió el obispo de Vigevano, Pedro José de Gaudenzi. Las principales objecio

 

nes de Gastaldi se circunscribían principalmente a las Constituciones Salesianas y eran muy sensatas:      
-       Debían ser presentadas al diocesano antes de ser llevadas a Roma.
-       Se debía incluir la figura de un noviciado semejante al de los jesuitas.
-       Ningún salesiano podía ser ordenado sacerdote antes de la profesión perpetua.
-       Todos los candidatos al sacerdocio debían ser presentados a un examen del arzobispo antes de su ordenación.
-       El ordinario del lugar se reservaba el derecho de inspeccionar las iglesias y oratorios de los salesianos.
-       La exención de la jurisdicción del obispo debía reducirse a lo mínimo
-       La necesidad de incluir un programa regular de estudios
En cartas posteriores Gastaldi se manifestaba de una manera más dura   La posición de Gastaldi es comprensible desde su carácter inflexible y el concepto muy personal que tenía de la autoridad y responsabilidad.
b)      Los problemas con la Santa Sede: Las prevenciones de Gastaldi hicieron su mella en Roma. En Roma Don Bosco tenía el apoyo de Pío IX, pero éste no podía pasar por encima de la Congregación de Obispos y Regulares que debía dar su palabra para la aprobación definitiva. Las objeciones romanas eran muchas más que las diocesanas, y se referían a varios artículos de las Constituciones. Don Bosco fue haciendo algunas reformas al texto, algunas de las cuales no satisficieron a la Sagrada Congregación, y eso explica los reiterados rechazos a la aprobación. Luego de muchos cabildeos, las Constituciones fueron aprobadas el 3 de abril de 1874. Don Bosco lo consideró un día memorable. Pero no logró algunos de los objetivos propuestos, porque la Curia Romana se mantuvo dentro de los principios jurídicos tradicionales
 

 

 6.- Don Bosco fundador de una Congregación para el Oratorio

      En la fundación y aprobación de la Congregación, Don Bosco demostró toda la tenacidad propia de un piamontés y de alguien que tienedetrá la convicción de llevar adelante un plan de Dios. Con razón van a decir las Constituciones de 1984: “Con sentimientos de humilde gratitud, creemos que la Sociedad de San Francisco de Sales no es sólo fruto de una idea humana, sino de la iniciativa de Dios”  Llevó, en lo que pudo y mientras pudo, su idea contra viento y marea, en Turín y en Roma.  Parece que su pensamiento estaba más centrado en la supervivencia de la “Obra del Oratorio”, que en la concreción de una congregación en sí misma. Su obra magna fue el “Oratorio” no sólo como estructura, sino como paradigma evangelizador y educador en la historia del mundo moderno. Del Oratorio nació la congregación: su espíritu, su estructura básica, sus vocaciones, la formación de sus miembros, su metodología pedagógica y pastoral. La Congregación Salesiana nació del Oratorio y tiene su finalidad: “Servir a las obras del Oratorio”.  Para esto Don Bosco necesitaba cierta autonomía y cierta flexibilidad. Se estaba frente a tiempos nuevos y el Espíritu soplaba de una manera nueva. Como todo soplo del Espíritu no es fácil saber de dónde viene y adónde va, pues así es el soplo del Espíritu Santo. Don Bosco quería una congregación en la que él tuviera mayor ingerancia y no sólo centralizada en la autoridad eclesiástica, pero esto no era muy bien visto. Don Bosco quería una congregación flexible en la que él pudiera dispensar de los votos religiosos cuando fuera necesario, y que no fuera necesario recurrir a Roma, pero esto no era aceptado. Don Bosco quería una congregación que fuera reconocida como tal por la Iglesia, pero que al mismo tiempo estuviera en consonancia con los principio jurídicos del estado liberal, pero eso no le era fácil de digerir a una Iglesia en el ápice de su lucha contra el movimiento de la revolución. Tanto al obispo Gastaldi, que se había encontrado con una diócesis muy revuelta y conflictiva que desafiaba su estilo organizador, cuanto a la Curia Romana, imbuida en esos tiempos por un espíritu conservador frente a los desafíos de la revolución y del “Risorgimento”, no iba a resultar fácil que su idea fuese aceptada. Don Bosco, tuvo que ceder para salvar al Oratorio y a la Congregación creada a su servicio. Y así nació esta Congregación que es nuestro orgullo.

 

 

 



  Trivero era demasiado “enérgico” con los muchachos; Vola era demasiado “largo” en sus sermones.
[2]  Cfr. Memorias del Oratorio.
[3]  “Todo afortunadamente me salió bien. Ninguno de los sacerdotes intentó volver. Los muchachos pidieron disculpas por haberse dejado engañar y prometieron volver y someterse a nuestra disciplina. Pero el caso es que me quedé solo”  (Ibíd.).
[4]  “Con todo, como era necesario contar con alguien que me ayudara en los quehaceres domésticos y escolares del Oratorio, empecé a llevarme conmigo a algunos muchachos al campo, o a veranear, a otros a mi pueblo de Castelnuovo; también los invitaba a comer conmigo, o a venir por las noches para aprender a leer o a escribir, pero con la mira puesta en poner algún antídoto contra las venenosas opiniones que iban circulando cada día. Pero también me movía otra finalidad: relacionarme con los chicos, conocerlos mejor e ir escogiendo a aquellos en quienes viera que había aptitudes e inclinación para la vida comunitaria y que pudieran vivir conmigo en la casa del Oratorio” (Ibíd.).
[5]    MBe IV, 33.
[6]    Eugenio CERIA, Annali  della Società Salesiana, I, 20.
[7]    MBe V,  496
[8]    MBe V, 610
[9]  Methodus quae a Sacra Congregatione Episcoporum et Regularium servatur in approbandis novis institutis votorum simplicium ab A. Bizzarri Archiepiscopo Philippen., secretario exposita, Roma, 1863.
[10]  “Esta Pía Sociedad cuenta treinta y tres años de existencia”. (Don Bosco, Resumen de la Pía Sociedad de San Francisco de Sales al 23 de febrero de 1874, MBe X, 874).
[11]  Ibíd. pág. 875.
[12] “Acerca de la Sociedad de San Francisco de Sales se me ha dicho que, habiendo surgido observaciones de cierta importancia, como por ejemplo ‘¿De quién debería depender la congregación?’ se le han enviado nuevamente a Don Bosco para que las corrigiese y las completase”  (Carta de Fransoni a Don Bosco, 23 de octubre de 1861)
[13]   Cfr. MBe 505.
[14]   Juan Bautista Lemoyne reporta las palabras de disgusto del arzobispo: (Don Bosco) “es un soberbio que no quiere estar sujeto.  Quiere fundar una congregación para sustraerse a la autoridad de su obispo. Si es santo, demuéstrelo siendo obsequioso con su superior” (MBe IX, 562).
[15]   Cfr. La carta confidencial de monseñor Alejandro Riccardi al cardenal Ángel Quaglia del 14 de marzo de 1868. (MBe IX, 99 s.).
[16]  Gastaldi, siendo sacerdote de la diócesis de Turín fue director del periódico Il Conciliatore Torinese. El 7 de abril de 1849 escribió: “Un humilde sacerdote, dotado de ninguna otra riqueza sino de caridad (recoge) todos los días festivos de 500 a 600 jovencitos para ejercitarlos en las virtudes cristianas, y convertirlos, al mismo tiempo, en hijos de Dios y óptimos ciudadanos. .. el nuevo discípulo de Felipe Neri se dedicó, en los días festivos, a recorrer los alrededores de Turín y, cuando veía bandas de muchachos jugando, se les acercaba y les pedía que lo admitiesen a jugar con ellos, con el objeto de hacerse su amigo para luego invitarlos a un lugar que él tenía y donde era más fácil divertirse…”  (Il Conciliatore Torinese, n. 42).
[17]   MBe X, 861 s.
[18]   Carta de monseñor Gastaldi al cardenal Andrés BIzzarri, prefecto de la Congregación de Obispos y Regulares, del 13 de febrero de 1872 (cfr. MBe X, 862 s.).
[19]   Cfr. la carta del 20 de abril de 1873 al mencionado cardenal Bizzarri (en MBe X, 647-650). El 9 de enero de 1874 le escribe
      al mismo cardenal: “Pienso que es mi gravísimo deber manifestar a la Sagrada Congregación tan dignamente presidida por V.E., la necesidad que hay que tomar las oportunas disposiciones para que en la Congregación de San Francisco de Sales, se haga obligatorio un noviciado de dos años, durante cuyo tiempo los jóvenes clérigos se ejerciten no en mandar como sucede ahora con demasiada frecuencia, , pues se les pone a hacer el papel de maestros en las varias clases, sino en obedecer como se ha hecho y se hace siempre en los noviciados tradicionales de otras congregaciones religiosas, especialmente en la Compañía de Jesús. Don Bosco tiene un talento particular para educar a los jóvenes seglares, pero no parece que posea ese mismo talento para educar a jóvenes eclesiásticos”  (MBe X, 668 s.).
[20]   Algunos de estos requerimientos jurídicos fueron: la centralización eclesiástica, la fuerza totalmente vinculante de los votos religiosos, incluso los simples, reservados al Papa, la libertad de conciencia para los miembros, etc.
[21]   Cfr. Constituciones y Reglamentos, Salesianos de Don Bosco, Editorial CCS, Madrid, 1984, pág. 19.
[22]  Cfr. supra, nota 10.
[23]  Cfr. Jo. 3,8.

DON BOSCO:
FUNDADOR DEL INSTIUTO DE L
AS 

HIJAS DE MARÍA AUXILIADORA

 
     Cuando en 1890 se abre en la arquidiócesis de TURÍN la causa del proceso de beatificación de Don Bosco, el documento se titula “Sacerdos Fundator Piae Societatis Salesianae”. Y por 30 años, así fue reconocido [1]. Pero ya en los documentos del proceso de beatificación y canonización (9 de junio de 1920) de la Sagrada Congregación de los Ritos se titula ““Sacerdos Fundator Piae Societatis Salesianae et Instituti Filiarum Mariae Auxiliatricis”. 
Más adelante, la Iglesia también reconocerá a la Madre María Mazzarello el título de Co-fundadora del Instituto.
 
 

1.        EN DON BOSCO MUCHAS COSAS COMIENZAN CON UN SUEÑO

 
       Don Bosco reconoció que no sentía inclinación natural por encarar la tarea de fundar una congregación femenina [2], pero abundaban las personas que se lo solicitaban. Sin embargo no creemos que esa idea estuviese lejana de su corazón.
 
       El padre Juan Bonetti es testigo de una narración de Don Bosco.  En la noche del 5 al 6 de julio de 1862, dos meses después de que la joven María Mazzarello hubiera abierto un taller para jóvenes del pueblo, el Santo, ignorando lo sucedido en Mornese, tuvo un sueño: “Me encontraba en una gran llanura. Veía como los jóvenes corrían y saltaban, y  jugaban alegremente. Yo, por mi parte, paseaba con la marquesa Barolo, que me decía: ‘Déjeme a mí que me ocupe de las jóvenes. Usted ocúpese de los  muchachos’.  Yo le respondí: ‘Dígame un poco: ¿Jesús ha redimido sólo a los jóvenes  o también a las jóvenes?’  ‘Lo sé’, me respondió ella. ‘Jesús ha redimido a todos’. Entonces, yo debo ocuparme de que su sangre no se haya derramado inútilmente, ni por los jóvenes ni por las jóvenes”. [3]
      

 
2.- DON BOSCO Y SU RELACIÓN CON EL GRUPO DE MORNESE (ACQUI)
 

       Como titula el padre Pedro Braido [4] el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora es el resultado de  la convergencia de dos experiencias autónomas. Mientras Don Bosco recorría desde 1846 su experiencia del Oratorio en Valdocco, en medio de los jóvenes abandonados de Turín, María Mazzarello, 22 años menor que el Santo, había comenzado en 1863 un oratorio festivo para las niñas en Mornese, y abierto un albergue para dos niñas huérfanas del lugar. A su manera, y en un lugar más reducido, el Espíritu Santo comenzaba un camino. Pero entre estas experiencias se hicieron presentes varias personas.
 
a)         El padre Domingo Pestarino: Era un sacerdote de la diócesis de Acqui, nacido en Mornese. Después de haber trabajado como prefecto del seminario de Génova y tener un contacto personal con el padre José Frassinetti, regresó a la parroquia de Mornese como vicario parroquial. Allí realizó una seria acción pastoral basada en la dirección espiritual y los sacramentos de la reconciliación y de la Eucaristía. Por su influencia surgió un grupo de jovencita deseosas de entregarse a Dios y cuyo nombre fue la Pía Unión de Santa María Inmaculada.
 
Su vida fue cambiando radicalmente luego de un encuentro con Don Bosco. Aunque este primer encuentro está envuelto en algunas oscuridades históricas (fecha y lugar) [5], lo cierto es que provocó en Pestarino una admiración por la personalidad del santo, y en Don Bosco un interés por las noticias que el vicario de Mornese le proporcionó sobre el grupo de las Hijas de Santa María Inmaculada que él había formado en dicha parroquia. Luego de este encuentro el padre Pestarino pidió ser admitido en la Sociedad Salesiana, en que la actuó como miembro externo, continuando, sin embargo,  su ministerio sacerdotal en Mornese hasta su muerte.
 
b)      La joven María Dominga Mazzarello (1837-1881) nacida también en Mornese, población de la provincia de Alessandria, en los Alpes Lígures, se une en un grupo de 5 jóvenes que  fundan  en 1854 una asociación dedicada a atender a niñas de la parroquia. La iniciativa nace de la acción pastoral de Pestarino que actúa bajo la guía espiritual del padre José Frassinetti, su mentor en Génova, y quien va a redactar las primeras Constituciones de la Pía Unión de Santa María Inmaculada. La líder del grupo  era la maestra del pueblo, Ángela Maccagno, y su director espiritual el padre Domingo Pestarino. La finalidad de esta asociación era “La santificación de sus miembros y ayudar a la salvación de los demás por medio de obras de misericordia corporales…” [6] María tenía 17 años. Las Reglas del grupo fueron reconocidas en 1857 por Monseñor  Modesto Contratto, obispo de Acqui.
Atendiendo a los enfermos del tifus, María Domingo contrae la enfermedad a los 22 años. Entra en un estado de prueba física y espiritual, durante el cual, luego de un tiempo descubre el sentido definitivo de su vida. No pudiendo continuar su trabajo en el campo, en mayo de 1862 abre un taller de costura para enseñar a coser a las niñas del pueblo. Un tiempo más tarde, con la compañía de su amiga Petronilla Mazzarello, constituye una pequeña comunidad.
Por este motivo la Pía Unión de Santa María Inmaculada se fue dividiendo en dos: uno de los grupos continuó viviendo con sus familias, bajo la guía de Ángela Maccagno, mientras que el otro, ya constituido en comunidad autónoma, fue reconociendo como líder a la joven María Mazzarello. Este pequeño grupo fue el germen de donde nació el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora.
 
 

3.- HACIA LA FUNDACIÓN

En octubre de 1864, Don Bosco va con sus muchachos a Mornese en uno de sus viajes “otoñales”, ocasión en la que tiene un primer encuentro con el grupo de María Mazzarello. Ambos quedan mutuamente impresionados.
Este puede ser el principio de la historia.
Don Juan Bautista Lemoyne nos deja el siguiente testimonio, sucedido en la noche del 24 de junio de 1866. El biógrafo de Don Bosco sube a su habitación y tiene el siguiente diálogo con el santo:
Lemoyne: “Diga, Don Bosco, ¿No le parece que todavía falta algo para completar su obra?”
Don Bosco: ¿Qué quieres decir con estas palabras?”
Lemoyne: ¿No va a hacer nada por las muchachas? ¿No le parece que si tuviésemos también un instituto de religiosas, afiliado a nuestra Pía Sociedad, fundado por Usted, esto sería la coronación de la obra? También el Señor tenía piadosas mujeres que le seguían et ministrabant  Ei. ¡Cuántas cosas podrían hacer a favor de nuestros alumnos pobres! Y además, ¿No podrían hacer con las muchachas lo que nosotros hacemos con los muchachos?”
                      
Don Bosco: … pensó un poco y después, con gran maravilla mía, respondió: “Sí, también se hará esto. Tendremos las Hermanas, pero no enseguida; un poco más tarde”. [7]
 
En marzo de 1869 Don Bosco le envía a María Mazzarello una libreta con un calendario y una serie de reglas para tener presentes en la vida de todos los días. Comienzan a multiplicarse los contactos del Saanto con el grupo de Mornese.
       Fue precisamente en la reunión del 24 de abril de 1871 que Don Bosco se comprometió frente a su Consejo a la fundación de un instituto femenino. Según el Padre Juan Bautista Lemoyne, en las Actas de la reunión de ese día constan sus palabras: “Muchas personas me han exhortado repetidas veces a hacer con las jovencitas el poco bien, que, por la gracia de Dios, vamos haciendo con los jóvenes. Si hubiese de dejarme llevar por mi inclinación, no hubiera tomado sobre mí este género de apostolado; pero, como las instancias se me han repetido muchas veces y por personas dignas de todo aprecio, temería oponerme a un designio de la Providencia, si no considerara seriamente la cuestión. Os propongo, pues, a vosotros y os invito a que reflexionéis sobre ella ante el Señor: sopesad el pro y el contra, para tomar luego la determinación que sea para mayor gloria de Dios y bien de las almas. Por esto, durante este mes, dirijamos nuestras oraciones comunes y privadas a fin de obtener del Señor las luces necesarias para este importante asunto”. [8]
 
       Con fecha del mismo día de la reunión del Consejo Superior, Don Bosco envió una carta a la madre María Enriqueta Dominici, Superiora del Instituto de Santa Ana, anexándole las Constituciones Salesianas aún no aprobadas por la Santa Sede. Decía la carta: “Rev.da Sig. Madre: Consegno a Sue mani il regolamento della nostra congr. affinchè Ella abbia la bontà di leggerlo e vedere se si può accomodare ad un istituto di religiose nel senso che ebbi l’onore di esporle di presenza…” [9]
 
       Y, muy pocos días después, a fines de abril de 1871 Don Bosco visita Mornese para hablar de sus planes de fundación. Dos meses después viaja a Roma para una audiencia con Pío IX, a quien presenta el proyecto de la fundación. El Padre Arthur Lenti confirma la aprobación de la idea por parte del Papa [10].
 

4.-   LA FUNDACIÓN

 
Don Bosco asume personalmente la tarea de llevar adelante la obra de la fundación: pone en marcha la formación de un Consejo o Capítulo Superior, solicita la colaboración de Sor Enriqueta Dominici para la redacción de las primeras Constituciones, encomienda al Padre Pestarino la compra de la casa Carante para residencia de la primera comunidad, confirma la elección de la primera superiora en la persona de María Mazzarello, y de sus colaboradoras,  da las primeras orientaciones espirituales al grupo por un pedido especial de Monseñor José Sciandra, recientemente nombrado obispo de Acqui, y acompaña los ejercicios espirituales de la primera comunidad durante 1872, 1873, 1874 y 1875.
 
No se puede ignorar, sin embargo, que gran parte del trabajo preparatorio quedó en manos del padre Domingo Pestarino, quien actuaba en toda consonancia de acuerdo con el Santo. Y sabemos que este trabajo no le fue fácil, debido a la resistencia que se produjo entre la población de Mornese.
 
       En los ejercicios espirituales previos a la profesión, Don Bosco se hace presente en Mornese. Los consejos que les proporciona figuran en las Memorias Biográficas: “No dejarse abatir nunca por ninguna dificultad. El mundo está lleno de lazos, , y, para no quedar nunca atrapados en ellos, hay que emplear estos cuatro medios: observar las Constituciones, rezar con fe, amarse mutuamente y ser humildes”[11]
 
       El 5 de agosto de 1872, dedicado a la Virgen de las Nieves, once Hijas de María Auxiliadora hacen su primera profesión religiosa en manos de Monseñor Sciandra.
 
       Durante los cuatro primeros años, Don Bosco visitó anualmente la obra de Mornese, habló con las Hermanas, las confesó y les dio alguna conferencia, mientras seguía personalmente la marcha de la disciplina religiosa, tanto más que él, por consejo del mismo Pío IX [12] era el Superior General del Nuevo Instituto, mientras que María Mazzarello era la Vicaria.
 
       En 1874 Don Bosco modificó la situación jurídica y nombró al Padre Juan Cagliero, futuro cardenal, como Director General y a María Mazzarello como Superiora General del Instituto.
 
       Contrariamente a la praxis seguida en la aprobación de las Constituciones y de la Sociedad de San Francisco de Sales, Don Bosco, de muy buena relación con el obispo del lugar, y para evitar problemas con algunas personas de la curia romana, no solicitó la aprobación pontificia del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, sino que recurrió al obispo de Acqui, Monseñor José María Sciandra.
 
        El Instituto y las Constituciones fueron reconocidos oficialmente por un decreto oficial del obispo el 23 de enero de 1876.
 
       Lo más difícil de la obra fundadora de Don Bosco había llegado a su FIN.
 
       Por dos años (1876 y 1877) no consta que Don BOSCO haya ido a Mornese para los ejercicios espirituales de la Hermanas. Después de la aprobación de las Constituciones su presencia en medio de las Hijas de María Auxiliadora fue más escasa, dejando mayor espacio a la intervención de María Mazzarello y de los Directores Salesianos. Pero no por eso dejó de interesarse por el Instituto. Desde 1874 había tomado dos decisiones importantes: el nombramiento del padre Juan Cagliero como Director General del Instituto y de la madre María Mazzarello como Superiora General [13]. Cuando el padre Cagliero debió presidir la primera expedición misionera a Buenos Aires, quedó como Director de la casa de Mornese el padre Santiago Costamagna.
 
Don Bosco había concluido su tarea fundadora, reconocida por el padre Mario Midali como acción histórica, jurídica y teológico carismática [14]. No dejó de seguirlas y acompañarlas, aunque el seguimiento más inmediato lo dejó en manos de los Directores Generales. El padre Santiago Costamagna también fue enviado como misionero a la Argentina, y lo sucedió el padre Juan Bautista Bonetti en Mornese desde 1877 a 1879 y en Nizza Monferrato desde el 1879 al 1883.
 
 

5.-   OBSERVACIONES FINALES

 
       Escribe Anita Deleidi, “no parece, por esto, que la relación con Don BOSCO no sea determinante en la vida de la Mazzarello: Antes de encontrarse habían ya madurado un ideal similar, al encontrarse descubrieron la convergencia y la complementariedad. La relación tiene el carácter de un conocimiento inicial recíproco y de la aceptación. Sin embargo la posición de María Dominga Mazzarello no es de una dependencia absoluta y pasiva. Con libertad acepta vivir la propuesta de Don Bosco y, según la modalidad salesiana, actuaba así inicialmente y originariamente, antes de conocerlo”.[15]
 
        Concluyo esta sintética presentación de Don Bosco como fundador del Instituto de las Hijas de Ma-ría Auxiliadora con las palabras con que la Hermana María Esther Posada, FMA, cerró su ponencia [16] durante el simposio sobre Don Bosco fundador de la Familia Salesiana tenido en el Salesianum de Roma entre el 22 y 26 de enero de 1989: “El pasaje del fundador a la fundación de una orden religiosa significa, en definitiva, viviendo el fundador, el pasaje del ideal a la realización práctica… a la reglamentación jurídica exigida por la Iglesia. [17]
 
En lo que se refiere a San Juan Bosco en relación con el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora podemos decir que él se revela abiertamente y sin discusión el fundador, ya sea en la fase de la idealización como en la fase práctica y en la reglamentación jurídica del mismo.
 
Fundador en sentido histórico, jurídico y teológico-carismático, Don Bosco es, por intrínseca consecuencia, padre de una nueva familia religiosa en la Iglesia: el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora dedicado a la educación en el campo femenino y en las clases populares.
 
La paternidad de fundador adquiere en Don Bosco una especial característica que lo distingue de otros fundadores. El no manifiesta de hecho en una forma inmediata e completa su inspiración de fundar, no entra en los particulares durante el proceso de fundación, sino que permite que otros intervengan, aún siendo él el primer realizador de la obra. No explica continuamente ni íntegramente su espiritualidad, sino que permite que la vida misma de la comunidad primigenia contribuya a configurarla. No redacta en forma exclusiva las Reglas, sino que pide la colaboración de otros, aunque asumiendo la parte de legislador.
 
Él sabe acoger y ‘servirse’ en cierto sentido, de todos los estímulos que encuentra en el camino de la historia para llevar a término una obra que sabe que es de Dios. Sabe esperar los tiempos largos, dejar que las personas y los proyectos satisfagan sus ritmos de maduración, saber ceder espacios de autono-mía y de libertad a Don PESTARINO, a la MAZZARELLO y a sus compañeras.
 
Es, por lo mismo, aún siendo fundador, un educador. Su paternidad de fundador es una real paternidad educativa. Estamos lejos así de una simple ‘paternidad adoptiva” (como se lee en uno de los testimonios de los Procesos) para encontrarnos en el corazón mismo de una paternidad educativa, allí mismo donde la verdadera libertad es, al mismo tiempo, presupuesto y meta”.[18]
 
 


[1] Desde su fundación hasta 1906 el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora estuvo agregado jurídicamente a la Congregación Salesiana. Ese año, el decreto Normae secundum quas de la Sagrada Congregación para los Obispos y Regulares, restituyó la autonomía a los Institutos Femeninos.
[2] Cfr. LEMOYNE Juan Bautista- AMADEI Ángel, Memorias Biográficas de San Juan Bosco, X, p. 544.
[3] Annali della Societá Salesiana, III, pp 31 s
[4] Cfr. Don Bosco, prete dei giovani nel secolo della libertá II, LAS, Roma, 2003, p. 54.
[5] Don Juan CAGLIERO afirma que se encontraron por primera vez en GÉNOVA (1860), mientras que el padre José CAMPI, opinión más probable, sostiene que el encuentro fue en 1862 durante un viaje en tren.
[6]  Cfr. Regole della Pia Unione delle Figlie di Santa Maria Immacolata (1885).
[7] LEMOYNE Juan bautista, Memorias Biográficas de San Juan Bosco, VIII, versión española, CCS, Madrid, 1984, p. 358.
[8] En LEMOYNE Juan Bautista y AMADEI Ángel, Memorias Biográficas de San Juan Bosco, edición española, CCS, Madrid, 1985, p. 544. La Hermana María Esther POSADA afirma haber revisado el Archivo Salesiano Central y no haber encontrado ningún Acta del año 1871. Por el contrario, cita una deposición del Padre Pablo ALBERA que, aunque con fecha diversa, dice aproximadamente lo mismo que LEMOYNE (cfr. Don Bosco, Fondatore dell’Istituto delle Figlie di Maria Ausiliatrice, en Don Bosco, Fondatore della Famiglia Salesiana, Roma, 1989, p. 286.   
[9] En STELLA Pedro, Don Bosco nella storia della religiosità cattolica, vol. I, Vita e opere, LAS-VERLAG, Zürich, 1968, p 188.
[10]  LENTI Arthur, Don Bosco, historia y carisma 2, versión española, CCS, Madrid, 2011, p. 704.
[11]    LEMOYNE Juan Bautista-AMADEI Ángel, Memorias Biográficas de San Juan Bosco, Vol X, versión española, CCS, Madrid, 1985, p. 569.
[12]    “En cuanto a la dependencia, dependan de vos y de vuestros sucesores, de la misma forma que las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, dependen de los Lazaristas” Ibíd. p 548.
[13] Hasta ese momento había figurado como Vicaria.
[14]  Maria MAZZARELLO, il significato del titolo di Confondatrice, Roma, LAS, 1982, en Salesianum, pp. 9-11.
[15] Il rapporto tra Don BOSCO e Madre MAZZARELLO nella fondazione dell’Istituto FMA (1862-1876), en DICASTERO PER LA FAMIGLIA SALESIANA, Don BOSCO fondatore della Famiglia Salesiana, Roma, 1989, p. 313 s.
[16]   Don BOSCO fondatore dell’Istituto delle Figlie di Maria Ausiliatrice, cfr. Don BOSCO fondatore della famiglia Salesiana,  Roma, Editrice SDB, 1989, pp 302 s.
[17]    S. BURGALASSI, Fondazione di un ordine religioso, en DIP IV, 113.
[18] María Esther POSADA, Don Bosco Fondatore dell’Istituto delle Figlie di Maria Ausiliatrice, en Don Bosco, Fondarore della Famiglia Salesiana, pp. 302 s.

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